viernes, 31 de julio de 2015

La Paradoja de Rosales

En este ensayo sobre la novela, La Babosa, de Gabriel Casaccia, hablare sobre el sacerdote de la iglesia de Aregua, lugar donde se desarrolla esta novela. Este cura, llamado comúnmente como el Padre Rosales, es uno de los muchos personajes que podemos encontrar en esta obra literaria.
        Pero antes de entrar en profundidad con este personaje en particular; ¿de qué se trata “La Babosa”?. Esta novela trata simplemente sobre la vida de los diferentes pobladores del pueblo de Aregua. Cada uno de estos personajes: Ramón Fleitas, Doña Ángela, Feliz Cardozo, etc, tienen muchas similitudes con ciertos pobladores de dicho pueblo en la vida real, hecho que el autor niega fervientemente. La narración de esta obra comienza centrándose en, anteriormente nombrado, Ramón Fleitas y su esposa, Adela. Aquí, nada más en el primer capítulo, se desarrolla uno de los conflictos principales de la novela, que por supuesto es “presenciado” por el personaje más importante de todos, Doña Ángela. Este personaje es tan importante hasta tal punto que su mismo apodo, dado cruelmente por sus vecinos de Aregua, es usado para nombrar este libro; “La Babosa”. Lo que Doña Ángela “presenció”, o mejor dicho supuso, fue el adulterio casi llevado a cabo por Ramón Fleitas con la criada de su casa, Paulina, una pobre chica de no más de 15 años. Pero no llaman la babosa a Doña Ángela por nada, apenas siquiera saber lo que en realidad paso entre esos dos individuos va a contárselo a nada más y nada menos que al Padre Rosales. El personaje en el cual entraremos en detalle un poco más adelante. Esta es precisamente el primer de los muchos rumores que Doña Ángela esparcirá por ahí, como una araña, tejiendo por todos lados sus mayormente imaginados sucesos que a sus oídos llegan.
Esta novela está dividida en dos partes: en la primera se describen a sus personajes y se desencadenan los múltiples conflictos de cada quien. También se observa que los dos protagonistas, Ramón Fleitas y Doña Ángela permanecen a distancia siendo como imanes del mismo polo, siendo constantemente interferidos por los diferentes personajes Aregueños de la obra. La segunda parte es como más de lo mismo, usando lo que una vez nos pareció interesante o simplemente la conclusión de algunos de los problemas presentados de la primera parte del nudo, haciendo a esta parte de la novela un tanto diferente de la otra.
Al principio esta obra puede parecer interesante y divertida. Como se desarrollan los conflictos y cada problema personal que tiene cada personaje es una gran excusa para seguir leyendo esta novela. Por otro lado, los diferentes acontecimientos van desarrollándose cada vez más tediosa y lentamente a medida que continuamos la lectura del libro. Esto hace que cuanto más leamos “La Babosa”, esta se vaya tornando un tanto aburrido y pesado.

        Ahora que ya hemos analizado un poco de que trata “La Babosa” en general podemos finalmente entrar en detalle con nuestro personaje en cuestión: el enigmático Padre Antonio Rosales.
        Antes que nada, cabe destacar que Rosales es el único que no es paraguayo en esta novela. El cura Rosales es español, nacido y criado en un pueblito llamado Arine (Galicia) había estado en Paraguay, en Asunción hasta que se entera de la herencia considerable que el antiguo encargado de la iglesia de Aregua y difunto párroco deja a su hermana. Este entonces solicita ir hacia ese pueblo para sustituir al anterior encargado de la iglesia de Aregua: el bondadoso Padre Reinaldo. También cabe destacar que fue el quien bautizo a Doña Ángela como “la Babosa”.
El Padre Rosales se rehúsa a dejar que Aregua le seduzca siquiera un poco, estando siempre con una actitud de desprecio o desagrado hacia sus feligreses y al mismo pueblo. El sacerdote Rosales se niega a morir en Aregua y es por eso que piensa y recuerda deseoso de volver a su pueblito Arine para tener ahí su descanso eterno perfecto. Siempre pensado en volver a su pueblo natal, a pesar de ya haber vivido unos 20 años en Aregua y de proporcionarle, para un religioso, muchas ventajas y comodidades materiales las cuales son: una casa, una finca, caballos, ganado y dinero ,aunque solo sea el suficiente para mantenerse y algo más para sus ahorros. Aunque este problema monetario se podría remediar con una actitud más apacible, pero claro el Padre Rosales nunca dejara de ser duro, estricto y algunas veces tacaño con el resto de Aregueños. Todo lo contrario al padre Portillo, anterior líder religioso quien siempre fue bueno y amable con sus seguidores.

        A pesar de ser como es: estricto, de carácter duro y aparentar no perdonar ni el más mínimo error, en el fondo él tiene la buena fe de creer y decir que todos y cada uno de los habitantes de Aregua tendrán su pedacito de cielo respectivamente. Esto ha hecho que algunos Aregueños digan que, a modo de broma o no, que el párroco del pueblo sea un tanto más comunista que religioso. Pero claro, al momento de recaudar fondos para la iglesia siempre actúa de manera ruda como si fuera un cobrador de algún gobierno ruso o algo por el estilo. Y tampoco es que el cura Rosales usase ese dinero recaudado totalmente para la iglesia en si, con suerte solo un pequeño porcentaje, a veces más a veces menos, iba para la iglesia o sus actividades. Y esto se debe a como se comentó antes, el poco dinero que Rosales consigue de sus feligreses debido a su carácter. Eso es lo que más le molesta, no poder seguir los pasos de su antecesor y juntar el dinero suficiente para volver a su tierra natal y poder descansar allá, viviendo sus últimos años de manera tranquila entre los suyos.
        Pero nada más poner un pie en Aregua, se le contagia como un aire de malestar, que con el pasar de esos 20 su deseo de volver a su pueblito español se convierte en una obsesión que quiere realizar a toda costa. Como es religioso no le asusta la idea de morir, sino de donde va a morir. No solo se rehúsa a morir en el “triste y desolado cementerio” de Aregua, sino que también esa idea lo llena de miedo. Él quiere morir en su suelo natal, enterrado en los verdes suelos de Arine junto a sus padres, a sus tíos, a sus hermanos y al resto de su familia.

        Al final el pobre padre Rosales al momento de su muerte probablemente anticipado por su cáncer y su estrés de vivir en un lugar que no quería, o rodeado de personas que el no aguantaba, sufre una paradoja: su cuerpo es enterrado en el triste cementerio Aregueño, pero su mente y emociones tratan de convencerlo de que esta en Arine, descansando en paz junto a los suyos.

        Y eso es casi todo lo importante que podemos rescatar de la historia de este personaje tan interesante y poco común de ver en la literatura estos días. Siendo una persona reacia volver a su casa de manera que estar en el lugar donde vive ahora le produzca malestar y estrés, desagradando a todos los que le llegan a conocer. Pero en el fondo teniendo fe de que hasta a las personas que el aguanta menos tienen salvación, sean como sean.

        Si fuese una persona en la actualidad seria como Lugo, poniendo de ejemplo el que Rosales tiene una vida como algo secreta en lo que sería al momento de engañar al pueblo con su “vida humilde” de religioso, cuando realmente ahorraba para su propia ambición de volver a Arine. Lugo escondía también sus “aventuras” fuera del área política, pero igualmente ejerciendo un gobierno aceptable para Paraguay. (Tomando en cuenta como está ahora el país)


        Realmente considero al Padre Rosales como una persona buena, pero el suceso de alejarlo de su tierra natal lo frustro y obtuvo una actitud bastante repelente. En realidad siento pena por el.


        Santiago Moreno
         Colegio del Sol

3 comentarios:

  1. Me gusto tu ensayo, al comienzo buen análisis del libro y buena descripción del padre Rosales, y por ultimo, interesante comparación con nuestro ex presidente, Fernando Lugo.

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  2. Interesante, comparto tu opinión sobre la frustración del padre

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  3. Joven Moreno, faltan las fuentes de referencia, hay problemas de puntuación, le faltan 176 palabras,

    20 errores ortográficos. Los gentilicios se escriben en minúscula: "aregüeno"; el pronombre personal "él", lleva siempre tilde.

    El trabajo estuvo interesante, pero pudo haberlo sido mucho más. usted puede hacerlo mejor, joven Moreno.

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